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Sólo por hoy

Sólo por esta mañana, voy a sonreír cuando vea tu rostro
y a reír cuando tenga ganas de llorar.
Sólo por esta mañana, voy a dejarte escoger la ropa que te vas a poner,
voy a sonreír y a decirte que te queda perfecta.
Sólo por hoy, pediré un día de descanso, o vacaciones,
para llevarte al parque a jugar.
Sólo por hoy, al mediodía, voy a dejar los platos en la cocina
y voy a dejarte que me enseñes cómo armar ese rompecabezas juntos.
Sólo por hoy, esta tarde, voy a desconectar el teléfono y a apagar el ordenador,
para sentarme junto a ti en el jardín para hacer pompas de jabón.
Sólo por esta tarde, no voy a regañarte ni siquiera a murmurar,
cuando tu grites y llores cuando pasemos por la tienda de chuches
y voy a entrar contigo a comprarte una.
Sólo por esta tarde, no voy a preocuparme sobre qué va a ser de ti cuando crezcas
y voy a pensar otra vez en todas las decisiones que haya hecho acerca de ti.
Sólo por esta tarde, te dejaré que me ayudes a hornear unas galletas
y no voy a estar detrás de ti tratando de arreglarlas.
Sólo por esta tarde, te estrecharé en mis brazos
y te contaré una historia acerca de cuando tu naciste
y sobre lo mucho que te quiero.
Sólo por esta noche, te dejaré salpicar en la bañera
y no me voy a enfadar.
Sólo por esta noche, te dejaré despierto hasta tarde,
mientras nos sentamos en el balcón a contar las estrellas.
Sólo por esta noche, estaré junto a ti por horas
y extrañaré mis programas favoritos de TV.
Sólo por esta noche, cuando pase mis dedos entre tu cabello mientras duermes,
simplemente daré gracias por el mayor regalo que he recibido.
Y cuando te dé un beso de buenas noches te voy a estrechar un poco más fuerte, un poco más tiempo.
Creo que a veces las mamás y papás estamos demasiado absorbidos en nuestras rutinas diarias
que olvidamos el hermoso regalo que los niños SON REALMENTE.

No podemos saber si habrá un día más...



30 de noviembre de 2012

Cuento de boda

Hace mucho, mucho tiempo, mucho antes de que los dioses bajasen a la tierra y entregaran al hombre el regalo del fuego, mucho antes. Mucho antes de que desapareciera del mundo el último unicornio, había un hombre y una mujer que se amaban profundamente.

Un día, la mujer quiso hacerle un regalo al hombre. Se acercó a él con dulzura y, extendiendo el brazo, le dijo: "quiero regalarte lo más importante para mí". Tenía el puño cerrado. Él la miraba con expectación y curiosidad, pero cuando ella abrió la mano, estaba vacía.

- ¿Nada?, dijo él.
- Todo. Sobre la palma de mi mano están mis sueños, mis esperanzas, mis ilusiones... cada rayo de luz que han visto mis ojos, cada gota de lluvia que ha tocado mi piel. Todo está sobre la palma de mi mano, cógela y todo eso será tuyo.

Pero él no la cogió. Tan sólo bajó la mirada y lentamente se fue.
Ella se quedó triste y sola, pensando: ¡hombres!

Pero, al poco tiempo, él volvió y escondía algo en su puño cerrado. Se acercó despacio y en silencio y lentamente abrió la mano. Guardaba dos pequeños trozos de caña de bambú. Cogió uno de ellos y poniéndoselo a modo de anillo, le dijo:

- Claro que quiero todo eso que me das, pero no lo quiero un día, ni un mes, ni un año... lo quiero toda la vida. Por eso, este trozo de caña de bambú impedirá que si alguna vez cierras la mano me niegues ese amor. Gracias a este anillo, siempre se escapará un poquito de ese amor que me das. Yo haré lo mismo -dijo, poniéndose su trozo de caña de bambú- porque te quiero y quiero que mis sueños, mis esperanzas, mis ilusiones... también sean todas tuyas.